Tal vez estuve contigo porque me sedujo el peligro.
Para mí, el peligro se dibuja como una bajada inclinada y llena de piedras, a la cual no me acerco.
Pongo un pie y el vértigo comienza a invadirme.
Tú vienes de allí, de alguna manera logras subir y bajar sin dificultad. Te acercas a mí. Te observo y me dices: "la vida es arriesgarse", pero yo tengo miedo de abrir la boca para contestar, solo te tomo la mano. Me invitas a tu tierra, me dices que me vas a cuidar, que nada malo va a pasar si estás conmigo. No te creo. El miedo es más grande pero te sigo.
Vamos de la mano por tierra firme y nos acercamos al peligro. Pongo un pie en tu tierra y tengo miedo, aunque estoy entre tus brazos. Ya no lo soporto más, me falta el aire. No sé cómo pero regreso a mi tierra. Tú vienes detrás de mí. Estoy hecha un mar de lágrimas.
Te abrazo y te digo que te quiero -solo en estos momentos tengo mis arrebatos de sinceridad-. Pero tú insistes en que te siga y yo no quiero. Te vas solo. Te veo desaparecer mientras cada una de mis células dice "corre tras él".
Corro detrás de ti. No sé cómo mantengo el equilibrio en la bajada, caigo cuando me doy cuenta. Intento levantarme, necesito ayuda pero tú ya no estás aquí.