martes, 11 de noviembre de 2025

Me hizo reir

La gente se asombra cuando les digo que este gato callejero ha sido domesticado. La sociedad protectora de animales con sus trampas y protocolos no pudieron, tampoco amateurs con latas de atún y churus.
Me preguntan sobre ti, quieren conocer tus hazañas. No sé qué quieren escuchar, solo digo “me hizo reír”.

Me hizo reír después de ver la doceava convocatoria en la que no me quedé. Me hizo reír en medio de una crisis creativa y me di cuenta de que el final melancólico era lo que estaba deteniendo todo: al final los personajes tenían que reír.
Se puso a llorar conmigo cuando le mostré las cenizas de mi amora felina. No dijo nada, no era necesario. No me hizo hablar, yo no quería hablar. Lo entendió tácitamente.

Antes todo era diferente: gritos, confusión, buscar una excusa para irme. Ahora lo sé, ese sentimiento en el estómago me lo dice. Yo nunca lo había sentido.
¿Eso lo ve la gente?
“Pero, ¿cómo?”.
No sé.
Me hizo reír.

domingo, 24 de agosto de 2025

Julia

Durante años viví bajo las máximas de Freud: amar y trabajar. Según mis jefes, nunca había tenido un mejor rendimiento. Según mis valores, nunca había conocido una mejor persona que tú. Hasta que un día, de una forma absurda, como salida de un cuento de Kafka, te fuiste.

Yo me quedé en la misma casa en donde vivíamos. Me quedé con este amor desbordado que no tenía un lugar a donde irse y me inundé. Mi mamá me gritó que así es la vida y debía reponerme.

Y yo lo sabía: sabía que no ibas a volver, que debía acostumbrarme a tu ausencia y dejar de cazar fantasmas. Pero todo me recordaba a ti y a esa burbuja en la que nos abrazábamos y nada más entraba. 

De un día a otro me rompieron la burbuja y tuve que enfrentarme al mundo hostil del que me refugiaba en ti. No cambié las sábanas por semanas para no deshacerme de tu olor. Me ponía a llorar en el supermercado porque cada dos semanas compraba papel de baño y ahora duraba el doble. Me ponía a llorar cuando recordaba que debía servir un plato, no dos. Me enojaba con los invitados cuando se sentaban en tu lado del sillón, no les decía nada, pero ese pedazo de sillón se volvió un templo.

Me pidieron que me tomara un mes en mi trabajo, mis traducciones del alemán al español no tenían sentido, el sujeto no concordaba con el resto de la oración. Yo no podía ni reconocer el verbo en segunda posición.

Mentí más arriba, no te fuiste. Aún puedo ir a abrazarte.

Solo tengo que agarrar la urna de tus cenizas.

martes, 19 de agosto de 2025

Aprendí a pedir disculpas

Cuando era más pequeña, era muy fácil irme. ¿Me hiciste algo malo? Adiós, nunca nos volveremos a ver. Todo era corto, relaciones líquidas y utilitarias.

Luego llegó un tiempo de profunda reflexión, de reconocer las violencias que viví. Hui de lugares donde decían que me amaban, pero solo recibía humillación. Aún más importante: reconocí las violencias –aunque fueran microscópicas– que alguna vez cometí. Me di cuenta que mis acciones tienen consecuencias y pueden lastimar a otros. 

Al principio era difícil, yo no sabía cómo actuar, pero el sentimiento de arrepentimiento no se iba de mi estómago. Solo se iba después de decir la palabra "perdón", así que aprendí a pedir disculpas, a ver a la otra persona a los ojos, dejarle saber que es genuino y que me importa tanto, que le pido perdón porque quiero que siga en mi vida. Bauman no va a dictar cómo me relaciono con otras personas.

Lo curioso es que yo aprendí a pedir disculpas, pero nunca nadie me ha pedido perdón.

domingo, 2 de febrero de 2025

Cosas adecuadas en el momento equivocado

Yo era escéptica, una positivista empedernida. Siempre a favor del proceso, siempre pendiente de la cuantificación. Tú eras todo lo contrario, te regía la metafísica. Pensabas que había algo más, algo desconocido que nos unía como Humanidad.

Te vi y lo supe. Los síntomas eran evidentes: sonreía al pensar en ti, te rehusabas a abandonar mi mente, y las "mariposas en el estómago" que son solo un shot de adrenalina. Era consciente de todo y no pude evitar enamorarme, entre más peleaba, más crecía este monstruo que me aterrorizaba, pero que me hacía sentir la mujer más feliz del mundo.

Yo sabía que lo sabías, mirabas mis mejillas enrojecerse, usabas tu intuición para leerme. Me sentía vulnerable y me gustaba. Quería que me escucharas, que nunca colgaras el teléfono, que tuvieras mis dedos entrelazados entre los tuyos.

Me hiciste creyente, vi cosas que no puedes explicar ni medir. Te hiciste escéptico, usabas el método científico para respaldar tus creencias.

Estábamos condenados a no durar. A ser todas las cosas correctas en el momento equivocado. Yo no pude pronosticarlo con fórmulas matemáticas, tú no pudiste presentirlo con tus entrañas llenas de sabiduría.

Te fuiste lejos. Recé por primera vez en la vida. Me hinqué para pedirle a Dios, a la Fuerza, al karma y al dharma que te regresarán. Nadie me escuchó. Me amargué viendo tus redes sociales y cómo no te importé.

Hoy eres feliz sin mí, en congresos de metafísica, usando mis métodos científicos para respaldar tus teorías. Ahora conoces a Kant, Descartes y Spinoza. 

No hay rastro de mí en tu vida actual. En mi vida, no hay una parte que hayas dejado intacta.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Siempre puedes contar conmigo

 Mi tía me obligó a besarla en “Los baños”, un lugar de mala muerte en el que terminé porque nunca aprendí a decir que no. Toda esa tarde no paró de decir la misma frase: “siempre puedes contar conmigo”.

Ese día mi cabeza era un enjambre de pensamientos, quería estar sola e imaginar que mi mundo no se había derrumbado. En vez de eso, me llevaron a tomar algo sin siquiera preguntarme si quería ir. Tal vez la compañía me haga bien, tal vez mi destino era encontrármela porque siempre puedo contar con ella.

Dulce fue el corto camino que recorrimos juntas, siempre me decía que podía contar con ella.

El universo le dio a las águilas una vista de envidia. Llegué tarde a la repartición de vista 20/20. Sin lentes, no la reconocí. ¿Es o no es? Pasó al lado de mí, ahhhh sí era. No importa, de todos modos puedo contar con ella.

La siguiente vez no dude en sonreír, pero me recibió una cara de enojo. Solo fue una confusión. Muy tarde, ya era yo el enemigo. Cada una de mis equivocaciones estaba a sujeta a una revisión microscópica. Me tropecé y reboté contra el auto. No, le pegaste a propósito al auto. Está bien, puedo asumir la culpa. Me equivoqué, fue un accidente.

Ahora me ves con rencor.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Azotas tu puerta cada vez que paso pero recuerdo tu brazo alrededor de mi cuello.

“Siempre puedes contar conmigo”.

El olor a caguama y el miedo apoderándose de mi cuerpo porque no quiero regresar en un carro con una persona ebria manejando.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Tu ex diciéndome cosas que no me importan.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Todo está claro ahora. Ese “siempre” no era en serio.

Nada de lo que dices es en serio.

¿Dónde está la dulce mujer de las promesas que nunca cumple?

¿Aún puedo contar contigo?