miércoles, 2 de octubre de 2024

Siempre puedes contar conmigo

 Mi tía me obligó a besarla en “Los baños”, un lugar de mala muerte en el que terminé porque nunca aprendí a decir que no. Toda esa tarde no paró de decir la misma frase: “siempre puedes contar conmigo”.

Ese día mi cabeza era un enjambre de pensamientos, quería estar sola e imaginar que mi mundo no se había derrumbado. En vez de eso, me llevaron a tomar algo sin siquiera preguntarme si quería ir. Tal vez la compañía me haga bien, tal vez mi destino era encontrármela porque siempre puedo contar con ella.

Dulce fue el corto camino que recorrimos juntas, siempre me decía que podía contar con ella.

El universo le dio a las águilas una vista de envidia. Llegué tarde a la repartición de vista 20/20. Sin lentes, no la reconocí. ¿Es o no es? Pasó al lado de mí, ahhhh sí era. No importa, de todos modos puedo contar con ella.

La siguiente vez no dude en sonreír, pero me recibió una cara de enojo. Solo fue una confusión. Muy tarde, ya era yo el enemigo. Cada una de mis equivocaciones estaba a sujeta a una revisión microscópica. Me tropecé y reboté contra el auto. No, le pegaste a propósito al auto. Está bien, puedo asumir la culpa. Me equivoqué, fue un accidente.

Ahora me ves con rencor.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Azotas tu puerta cada vez que paso pero recuerdo tu brazo alrededor de mi cuello.

“Siempre puedes contar conmigo”.

El olor a caguama y el miedo apoderándose de mi cuerpo porque no quiero regresar en un carro con una persona ebria manejando.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Tu ex diciéndome cosas que no me importan.

“Siempre puedes contar conmigo”.

Todo está claro ahora. Ese “siempre” no era en serio.

Nada de lo que dices es en serio.

¿Dónde está la dulce mujer de las promesas que nunca cumple?

¿Aún puedo contar contigo?

lunes, 26 de agosto de 2024

El monstruo debajo de mi cama

El monstruo debajo de mi cama susurra todas las noches en mi oído palabras para lastimarme. Hace años me envolvía entre las cobijas, apretaba los puños y los ojos rogando que se callara. Por las mañanas, abría los ojos. Respiración agitada, lágrimas corriendo por mis mejillas.
El monstruo es un eco de una persona que me lastimó, aún puedo verla en mi mente. Burlona, retadora, con sed de risas. Yo era su entretenimiento. Espectáculo en 2 actos. Primer acto: mi físico, mi nariz gigante y mi fodonguez. Segundo acto: la pobreza de mis padres y todo lo que no me podían comprar. Yo tenía 16 años, no sabía que podía defenderme. Creía que se burlaran de ti era humor y debía soportarlo porque “así nos llevamos entre familia”. 
Un pensamiento tras otro cruza mi mente. ¿Por qué una mujer veinte años más grande me trataba así? ¿De verdad soy tan horrible? Tal vez debería cambiar mi nariz. ¿Cuánto costará una rinoplastia?Yo no soy mis pensamientos. 
Aquella persona salió de mi vida, estoy a salvo. Ahora tiene otro payaso, uno más pequeño. Le dice “perro”, “culero”. La persona se ríe, el niño llora, azota la puerta. No hay disculpas, no hay arrepentimiento, solo “así nos llevamos entre familia”.
Me rescataron del circo. El monstruo vuelve todas las noches, pero ya aprendí a ignorarlo.
Ahora soy la persona de mi sobrino, le digo “te quiero”, “guapo”, lo abrazo, jugamos, me rio con él, no le cambiaría nada. Nadie azota puertas, nadie llora, nadie se justifica con “así nos llevamos entre familia”.