domingo, 2 de febrero de 2025

Cosas adecuadas en el momento equivocado

Yo era escéptica, una positivista empedernida. Siempre a favor del proceso, siempre pendiente de la cuantificación. Tú eras todo lo contrario, te regía la metafísica. Pensabas que había algo más, algo desconocido que nos unía como Humanidad.

Te vi y lo supe. Los síntomas eran evidentes: sonreía al pensar en ti, te rehusabas a abandonar mi mente, y las "mariposas en el estómago" que son solo un shot de adrenalina. Era consciente de todo y no pude evitar enamorarme, entre más peleaba, más crecía este monstruo que me aterrorizaba, pero que me hacía sentir la mujer más feliz del mundo.

Yo sabía que lo sabías, mirabas mis mejillas enrojecerse, usabas tu intuición para leerme. Me sentía vulnerable y me gustaba. Quería que me escucharas, que nunca colgaras el teléfono, que tuvieras mis dedos entrelazados entre los tuyos.

Me hiciste creyente, vi cosas que no puedes explicar ni medir. Te hiciste escéptico, usabas el método científico para respaldar tus creencias.

Estábamos condenados a no durar. A ser todas las cosas correctas en el momento equivocado. Yo no pude pronosticarlo con fórmulas matemáticas, tú no pudiste presentirlo con tus entrañas llenas de sabiduría.

Te fuiste lejos. Recé por primera vez en la vida. Me hinqué para pedirle a Dios, a la Fuerza, al karma y al dharma que te regresarán. Nadie me escuchó. Me amargué viendo tus redes sociales y cómo no te importé.

Hoy eres feliz sin mí, en congresos de metafísica, usando mis métodos científicos para respaldar tus teorías. Ahora conoces a Kant, Descartes y Spinoza. 

No hay rastro de mí en tu vida actual. En mi vida, no hay una parte que hayas dejado intacta.