miércoles, 24 de junio de 2015

Una luz tenue como la de una vela

El sol brillaba en el cielo azul y las nubes se dibujaban como borregos. Él caminaba sobre la banqueta, con la fatiga del calor del medio día. Se tocó la frente y se dio cuenta que había estado sudando.
     Caminaba y sentía que no llegaba a algún lado, no podía siquiera ver el lugar al que se suponía que debía llegar. Llevaba prisa, aunque no recordaba por qué, el único pensamiento recurrente en su mente era “tengo que llegar a tiempo”.
    Se detuvo a descansar un momento, se quitó los zapatos, las calcetas y masajeó sus pies, sintió un poco de alivio, excepto que tenía que seguir caminando. Volvió a calzarse y siguió su camino, “tengo que llegar a tiempo”. Caminaba, miraba los edificios, algunos se caían, otros brillaban de nuevos, sin embargo, no podía detenerse mucho a pensar, tenía el tiempo encima.
    Caminaba, se fatigaba, se quitaba los zapatos, se los volvía a poner y continuaba caminando, “tengo que llegar a tiempo”, de verdad, él necesitaba llegar a tiempo.
    Eran las cinco de la tarde, tenía hambre, fatiga y un lugar al cual llegar. Se detuvo en una tienda para comprar algo que pudiera comer mientras caminaba.
    El sol ya no alumbraba con la misma intensidad, incluso comenzaba a hacer frío, él se consolaba diciendo que descansaría cuando llegue a donde tenía que llegar y no le faltaba mucho.
     En un punto, la gente no hablaba su idioma, lo veían raro por su forma de vestir y de andar por la calle, ya le faltaba poco y no podía parar a descansar o no llegaría a tiempo. Llegó hacía un lugar en el que había dos caminos: el de la derecha y el de la izquierda; decidió echar un volado mientras la gente lo miraba raro e intentaba entender qué hacía.
     “Tengo que llegar a tiempo” se dijo y comenzó a trotar, cuando se cansaba empezaba a gatear o lo que sea, mientras lo mantuviera en movimiento.
     Miró hacía atrás y vio a la Tierra en pequeñita, siguió caminando, ya casi llegaba y lo único que lo dejaba ver era una luz a la que se acercaba. Una luz tenue como la de una vela.

sábado, 6 de junio de 2015

Morir de amor

Ella morirá de amor y no lo sabe.
Su novio terminará con ella y caerá en una depresión de la que no se levantará y nadie se dará cuenta. Se esconderá a llorar, pero un día las lágrimas ya no saldrán de sus ojos, se habrá secado. Tendrá interminables resfriados por las lágrimas que no podrá llorar. Evitará el tema para no seguir abriendo la herida, pero las emociones no expresadas jamás mueren, se manifiestan de otra manera. No faltará a la escuela pero no podrá concentrarse, escuchará algo en un segundo y al otro ya lo habrá olvidado. Tendrá dificultades para tomar decisiones, incluso las más sencillas y las más obvias. Perderá el interés, las cosas que tanto la hacían feliz ya no significarán más. Buscará a su futuro exnovio sin éxito y se dará cuenta de que él ya siguió adelante. Rechazará la ayuda que la gente le ofrezca, “no valgo la pena ni su esfuerzo” dirá. No volverá a reír. Perderá a cada uno de sus amigos por su pesimismo e indiferencia. Sus padres lo notarán pero no le darán importancia, “solo es una etapa” dirán. Pensará en el suicidio como una alternativa para escapar al dolor que la aprisiona pero estará muy débil como para poder llevarlo a cabo. Le dolerá la cintura por estar acostada durante días y días, aunque, por su carencia de energía, no podrá salir de la cama. Las vacaciones lo empeorarán, le darán más tiempo para sumirse en el hoyo. Correrá el rumor y todos sus conocidos irán a verla, menos la única persona que ella realmente quiere. Su cuarto apestará, no recordará cuándo fue la última vez que limpió, que se bañó, ni sabrá qué día es. Comerá muchísimo, su estómago parecerá no tener fin, pero un día llegará al tope y a partir de ese día tendrá menos hambre, hasta que su apetito haya desaparecido por completo. Pasará el tiempo, nada cambiará. Dormirá durante días y una noche, mientras duerme, tendrá un paro cardiaco y morirá. Morirá de amor y no lo sabe. No morirá de inanición. No morirá de un paro cardiaco. Morirá de amor.
Pero hoy no. Hoy verá a su novio, lo abrazará y besará mientras él piensa “debo terminar con ella”.