Cuando era más pequeña, era muy fácil irme. ¿Me hiciste algo malo? Adiós, nunca nos volveremos a ver. Todo era corto, relaciones líquidas y utilitarias.
Luego llegó un tiempo de profunda reflexión, de reconocer las violencias que viví. Hui de lugares donde decían que me amaban, pero solo recibía humillación. Aún más importante: reconocí las violencias –aunque fueran microscópicas– que alguna vez cometí. Me di cuenta que mis acciones tienen consecuencias y pueden lastimar a otros.
Al principio era difícil, yo no sabía cómo actuar, pero el sentimiento de arrepentimiento no se iba de mi estómago. Solo se iba después de decir la palabra "perdón", así que aprendí a pedir disculpas, a ver a la otra persona a los ojos, dejarle saber que es genuino y que me importa tanto, que le pido perdón porque quiero que siga en mi vida. Bauman no va a dictar cómo me relaciono con otras personas.
Lo curioso es que yo aprendí a pedir disculpas, pero nunca nadie me ha pedido perdón.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario