Te entregaré mis demonios, tú sabrás qué hacer con ellos. No te aburrirás, habrá uno nuevo para cada día. No necesitan alimento ni agua, solo oxígeno y PACIENCIA. Unas veces serán fáciles de lidiar, otras no, pero te ruego que no te rindas; si sientes que ya no puedes con ellos, no los abandones en la calle, mejor llévalos a un refugio donde puedan encontrar un dueño que los aprecie y pueda cuidar de ellos, recuerda que ser fuerte a veces significa renunciar a algunas cosas.
Te mentiría si te dijera que no me duele desprenderme de ellos, he convivido tanto con ellos que llegué a quererlos de una forma muy profunda, sé estarán bien en tus manos. Te comenté antes los motivos, no quisiera repetirlos por miedo a que las lágrimas no se detengan en esta ocasión.
No son malos chicos solo han vivido bajo circunstancias algo turbias. Si me dejas puedo contarte un secreto: cada uno tiene su trampa. Algunos se calmarán si les tocas la pancita, otros se enfurecerán, con el tiempo sabrás qué hacer con cada uno.
Te estaré esperando entre Esperanza y Desesperación a las 5 p.m., por favor, sé puntual.
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